Los primeros cimientos
El Castillo de Praga se construyó en el siglo IX como sede fortificada del poder. Al principio, su arquitectura era práctica y defensiva, pero las iglesias románicas y los edificios palaciegos pronto la convirtieron en un centro tanto religioso como político.
La expansión gótica bajo el reinado de Carlos IV
En el siglo XIV, Praga se convirtió en capital imperial, y la arquitectura del castillo se elevó para estar a la altura de esa ambición. La catedral de San Vito se amplió a una escala gótica monumental, mientras que los nuevos espacios ceremoniales reflejaban el prestigio real de forma más evidente que antes.
Reconstrucción de estilo gótico tardío, renacentista y barroco
Tras varios incendios, cambios dinásticos y la evolución de los gustos de la corte, el complejo volvió a transformarse. La Sala Vladislav, obra de Benedikt Rejt, aportó una audaz ingeniería del gótico tardío, mientras que las reformas posteriores del Renacimiento y el Barroco introdujeron formas más cortesanas, ordenadas y representativas en los palacios y las fachadas.
Intervenciones modernas y conservación
Los siglos XIX y XX se caracterizaron por la finalización, la restauración y la reinterpretación, más que por la construcción de algo totalmente nuevo. La arquitectura neogótica contribuyó a completar la catedral de San Vito, y Jože Plečnik dotó al castillo de la época presidencial de sus elegantes patios, terrazas y recorridos de estilo moderno. Las medidas de conservación en curso siguen protegiendo un lugar que es a la vez un monumento y la sede operativa del Estado.
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